Wake up, open the door and scape - Biänca

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Wake up, open the door and scape - Biänca

Mensaje por Sebastian W. Trevelyan el Sáb Jun 02, 2012 8:59 pm

Sebastian muere por un cigarrillo. Si bien era una de las personas más deportistas que muchos podían llegar a conocer y se ejercitaba a diario ya fuera en el gimnasio o haciendo deporte en el Central Park tenía aquella pequeña debilidad, la de fumarse un cigarrillo cuando el estrés de su trabajo no se disipaba ni con las rutinas más arduas de ejercicio. Ahora necesita uno, con tanta urgencia como necesita el aire para respirar, pero no le es factible consumirlo, desde sufrir el infarto fumar le está completamente prohibido, al igual que hacer un sinfín de cosas más. Decir que odia la situación era poco, pero no le queda de otra que acatar lo que los benditos doctores le recomiendan, después de todo los especialistas son ellos, no él.

No tiene permitido deambular por si solo en los pasillos del hospital durante demasiado tiempo, es por eso que su asistente le acompaña hasta la cafetería y luego de dejar una ensalada de frutas delante de él, sobre la amplia mesa en la que se ha acomodado segundos atrás, desaparece para dar un paseo por los alrededores mientras le brinda al rubio el tiempo necesario para relajarse en completa soledad y lejos de la odiosa habitación en la cual pasa la mayor parte del día.

El rubio dirige su mirar hacia la ventana, he elegido de tal manera su asiento que la vista desde donde ahora se encuentra es maravillosa comparada con las cuatro paredes blancas que suelen rodearle. La ventana da justo al jardín, por lo que se pierde unos instantes observando a la gente ir y venir por el sendero de piedras que les marca el camino. Su mano se alza, y distraídamente toma el tenedor que le ha dejado Samuel junto con la ensalada y pincha un par de trozos de fruta antes de llevarla a sus labios. -Mmhhm… nada mal- menciona para si mismo sin preocuparse de la gente que comienza a entrar y salir de la cafetería.



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Re: Wake up, open the door and scape - Biänca

Mensaje por Biänca E. Mierzwiak el Sáb Jun 02, 2012 10:51 pm

Las rondas comenzaron y pasaron sin nada realmente interesante. Estaba ese día bajo el cargo de O’Shea, nunca le había llamado la atención la plástica por lo cual no se preocupaba en prestar tanta atención como cuando estaba en cardiología. Apretó los labios y escuchó a uno de sus internos presentar el caso de aquel día. Sarah Botwin, veinticinco años, venía por un trasplante de senos y una rinoplastia. Biänca admitía que la plástica era de ayuda, para algunas cosas pero no entendía como era que los cirujanos plásticos se creían dioses. Alzó las cejas ante la pronunciación de su nombre –Entrarás conmigo Mierzwiak, y dos de tus internos pueden entrar al quirófano a observar de cerca –explicó el rubio de ojos azules. Pronto todos salieron de la habitación dejando dentro de esta a Everett y a Sarah, él terminaba de dejar claros los puntos más importantes para la cirugía. La chica era joven y guapa, la morena no pensaba que hubiera nada que arreglar en ella. Pero las personas preferían una entrada al quirófano que una cita con un psicólogo. –Termina el papeleo y tráeme un capuchino cuando termines –le dijo al salir de la habitación con la sonrisa de imbécil que siempre ponía. Todos los cirujanos eran unos cabrones. Biänca puso los ojos en blanco –No soy tu esclava para traerte comida ni café cuando desees –contestó de frente. No solía hacer eso a sus superiores pero estaba cansada de el comportamiento de ese rubio. Frunció el ceño y tomó los papeles que él llevaba en la mano –Puedes conseguir el café por ti mismo –dijo antes de darse media vuelta y comenzar a caminar hacia la cafetería.

No se han esforzado demasiado en estos días como para entrar a la cirugía –comenzó sin siquiera verlos. Los internos la seguían a todos lados y terminaban estresandola, no sabían alejarse cuando era necesario –Si por mi fuera, ninguno de ustedes entraría, pero no es mi decisión…Donovan y Havoc, ustedes dos entrarán –se volteó para observar al grupo –ustedes tres vayan a emergencias y tú y tú pueden quedarse en la clínica por el día –esperó a que se dispersaran para seguir su camino.

Apretó los papeles contra su pecho, Chloe se acerco caminando por un lado y la saludó con una mirada –No necesito que vengas a presumir el hecho de que estás en Cardio. Tengo que pasar mi día con O’Shea, arreglándole el cuerpo a una mujer que no necesita arreglarse nada –negó con la cabeza. Escuchó las palabras de su amiga con atención aunque sin observarla. El localizador sonó y se tuvo que alejar, por que al parecer ella si tenía cosas importantes que hacer. Colocó los papeles sobre una mesa para observar su localizador pues algo le hizo pensar que había sonado, cuando se volvió para agarrarlos se encontró con un rostro conocido –Lo siento –se disculpó por invadir el espacio del hombre – No lo había visto señor Trevelyan –sabía su nombre y conocía su rostro por qué era uno de los pacientes de cardiología y si bien recordaba se había ocupado de sus exámenes y de él en las rondas algunos días atrás. –¿Cómo se encuentra? –preguntó por simple educación.



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Re: Wake up, open the door and scape - Biänca

Mensaje por Sebastian W. Trevelyan el Vie Jun 15, 2012 4:28 pm

No es difícil que el rubio se pierda entre sus propios pensamiento una vez más, en las últimas semanas se ha pillado haciéndolo en bastantes ocasiones y ha llegado a la conclusión que aquello solo irá en aumento pues es la única forma en que puede matar tiempo que pasa en el hospital. Extraña New York, extraña su perro, su penthouse, su vida en general, tanto, que incluso extraña el ajetreo de su oficina y a su ex mujer, cosa que jamás pensó que haría mucho menos luego de la manera en que su matrimonio fue a acabar. Aquel pensamiento le hace sonreír mientras lleva a sus labios otro trozo de fruta, el que come sin apuro alguno disfrutando su inigualable sabor, uno que sabe extrañaría también si ahora a su ‘doctora de cabecilla’ se le ocurre prohibirle, como lo ha hecho ya con casi cualquier cosa que suele disfrutar –o más bien solía, antes de su infarto-.

Sus ojos se fijan en un niño pequeño que se aferra a la mano de su madre mientras recorren el camino para salir del hospital –otra cosa que él también tiene completamente prohibido hacer- y les sigue con la mirada hasta que se pierden de vista tras una fila de automóviles que se apostan en la entrada. Otro trozo de fruta llega a sus labios pero no es capaz de saborearlo del todo pues, a pesar de encontrarse en una de las mesas más alejada de la muchedumbre, es interrumpido por el ruido de unos papeles chocando contra la superficie de una mesa. De su mesa.

Con el paso de las semanas Sebastian se ha vuelto un completo maestro en evadir a las personas, de hacerse el desentendido cuando le hablan fingiendo que no ha oído ni visto absolutamente nada de lo que ocurre a su alrededor porque simplemente no desea hablar, repetir una vez más en aquella jornada cómo se encuentra aquel día llega a ser un fastidio para él y lo mejor que puede hacer para que quien quiera sea el interesado en su salud no sufra de unas cuantas palabras bruscas salidas de lo más profundo de su ser, es quedarse en completo silencio. Y es lo que pensaba hacer en ese instante de no ser porque la dueña de los papeles que ahora ya no se encuentran en su mesa se ha disculpado. -No te preocupes, para eso están las mesas- menciona de la manera más amable posible antes de girar su cabeza y encontrar sus ojos con los de la chica, una de las tantas internas, residentes o lo que fueran de Emma.

El hombre presiona sus labios entre si por un instante, intentando por todos los medios no rodar los ojos ante su pregunta ni responder de mala manera. Luego, esboza una pequeña sonrisa ante las palabras que el mismo está apunto de pronunciar. -Igual que todos los días. Sin novedad así que supongo que bien- no le quedaba de otra que resignarse, aunque su terquedad no tuviese limite alguno. -¿Y usted?- pregunta por cortesía a la vez que le observa con curiosidad. -Le noto algo… tensa.- menciona luego de un par de segundos, llegando a la conclusión que de seguro él no es el único paciente que se dedica a poner de los nervios punta a cualquiera que trabaje allí.



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Re: Wake up, open the door and scape - Biänca

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