On a live wire right up off the street, you and I should meet - Callum -

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Mensaje por Biänca E. Mierzwiak el Dom Jul 01, 2012 11:36 pm

El post it seguía dentro del bolsillo izquierdo de su bata, lo había leído un sin fin de veces. No era que le preocupara quién lo había dejado ni la razón de haberlo hecho pero le intrigaba al menos un poco, a pesar de no admitirlo. Tomó entre sus delgados dedos de nuevo el papel ya bastante arrugado de tanto que lo había abierto y cerrado para volverlo a leer. Vamos a ponerle fin a esto de una vez. Pensó para si misma y regresó el papel al bolsillo donde lo había encontrado. Sólo asistiría a la ‘’cita’’ por qué era su día libre y como ya era sabido, Biänca no soportaba estar sin hacer nada durante mucho tiempo.

Como había hablado la noche anterior con su compañero de casa, ese día llevaría de nuevo sus cosas a su habitación y sería como si nunca se hubiera ido. Y así lo hizo. Agradecía no tener que seguir pagando la habitación de hotel en la cual había vivido por meses y no era por que el dinero le pesara, pues era eso algo que le traía sin cuidado, no le ponía tanta importancia como la mayoría de las personas, aunque eso se debía a que nunca en su vida le había faltado un centavo. Se recogió el cabello en una cola de caballo para evitar así que le molestara cuando terminara de limpiar la casa. Si no era ella quien limpiaba la casa nadie más lo haría y vivir en un basurero no podía. Comenzó por la cocina y terminó en su habitación. No entraba a la de Rickard por razones obvias. No deseaba violar su privacidad.

Cuando terminó se dio cuenta de que aún era demasiado temprano así que se sentó a ver la televisión. No duró ni quince minutos en el sofá, no soportaba estar sin hacer nada. Subiría al baño para comenzar a arreglarse y como nada le quedaba entonces iría a la cafetería. Ganas no tenía, si de salir se trataba prefería salir a la discoteca o como mínimo al bar a tomar algo. Se tomó su tiempo en la bañera, encender incienso y poner música le ayudó a relajarse, las semanas pasadas su nivel de estrés había aumentado considerablemente rápido. El futuro se veía más tranquilo. Suspiró y cerró los ojos por un rato. Cuando los abrió el sol había bajado y el disco ya llevaba su tercera vuelta. Terminó de asearse y se vistió. Un vestido sencillo color negro y un abrigo color mostaza, se vio en el espejo. Se sentía como una abeja. Hizo una mala cara y cogió de la cómoda un cárdigan que tiraba más al camello que al amarillo –Pues bueno, es algo –se encogió de hombros antes de apagar la luz de su habitación.

Condujo hasta el lugar y arrugando la nariz salió del automóvil. Quería subirse de nuevo y conducir hasta la licorería más cercana. Un café y me largo de aquí –dijo en voz baja casi inaudible. Había poca gente, lo cual agradecía pues odiaba convivir con los demás, siempre salía alguien que quería comenzar una conversación a pesar de no conocerte. Uno podía ser un asesino serial y conseguir víctimas sería más fácil que la tabla del uno. Rodó los ojos y se acercó a la barra para pedir un café –dame un Americano –le dijo al chico detrás de la barra, recargándose en ella. Giró sobre sus talones para caminar hacia una de las mesas desocupadas, la más alejada de la gente. Se sentaría, bebería su café y leería un libro, después de eso se iría. Parecía el plan perfecto.



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Re: On a live wire right up off the street, you and I should meet - Callum -

Mensaje por Callum D. Goebbels el Lun Jul 02, 2012 1:49 am

Sentado en las escaleras de un portal, contemplaba a un grupo de muchachos que jugaban al baloncesto aprovechando que en la calle no había mucho tránsito. Sostenía un cigarrillo entre sus dedos, y dejaba que éste se consumiera cruelmente sin darle demasiadas caladas. Sí, era cierto. Era fumador novato y, aparte de cogerlo con cierta ortopedia, a menudo se olvidaba de que tenía que succionar la anaranjada boquilla. Uno de los chicos de color que botaba el balón y sacaba cuerpo para que no le robaran el esférico le indicó con una mano que se acercara a jugar un poco, pero Callum negó con una ladina sonrisa y agradeció alzando el pulgar hacia arriba. Fue entonces cuando se percató de que tenía algo atrapado con fuerza con los cuatro dedos restantes.

Ahí, medio oculto entre sus huesudas falanges, se hallaba el botecito naranja. Lentamente desdobló los dedos y leyó la etiqueta como si no la hubiera leído ya un millar o dos de veces. Inspiró hondo y suspiró, exhalando una bocanada de humo que le nubló la vista unos instantes. Cuando la neblina se desvaneció, una mirada infantil se apareció delante de él. Callum frunció un poco el ceño, sabía lo que el muchacho quería. El pequeño, de apenas quince años, pedía alguna calada. Ese chico nunca decía palabra, pero había creado alguna especie de vínculo mido con el rey de los negocios. Callum miró el cigarrillo y se lo tendió. – Te lo cambio por ese refresco. – Le ofreció, a lo que el pequeñajo aceptó con gusto y le entregó una lata abollada de Coca-Cola. Sujetó la lata fría y acercó el ojo al agujero que la coronaba, espiando el contenido de la misma. Apenas podía ver nada. La zarandeó para sospesar la cantidad que quedaba y se encogió de hombros mientras destapaba con el pulgar el bote de pastillas. Sacó la lengua y dejó caer una pequeña grajea blanca en ella. De un golpe de muñeca, se ahogó y tragó con el inapreciable esfuerzo de un experto. La magia estaba hecha, ahora necesitaba el aplauso del público.

Qué condenadamente sencillo era aquello. Cerró los ojos y perdió la noción del tiempo. Segundos, minutos, horas tal vez. No le importaba demasiado, ya que cuando volvió a enfocar la mirada se sentía de nuevo aquel adolescente liberado y seguro de sí mismo. Ya nada le daba miedo, por lo que se levantó del escalón y se incorporó a la acera con una sonrisa de campeón. Se ajustó la americana azul marino y estiró el brazo al frente para doblarlo y ver asomar el reloj caro por debajo de la manga. Iba bien de tiempo, afortunadamente. Lo que empezó como una caminata normal acabó siendo algo más parecido a un anuncio. En su cabeza, la música sonaba como si fuera un viernes noche. En su cabeza, todas esas chicas se volteaban a mirarle el firme trasero y, qué demonios, se sentía invencible. Balanceaba elegantemente los brazos a lado y lado del cuerpo mientras sus dedos se marcaban un disimulado solo de piano que ni Bach podría imitar en sus años dorados. No escatimó en espectáculo y se subió a una farola para dar, con impulso, una vuelta de campana antes de seguir caminando con una suave musicalidad en todos sus movimientos. La gente lo miraba con expresión confundida, pero él sólo veía aplausos.

Tras guiñar un ojo a una mujer mayor con la confianza de un Casanova, empujó la puerta de la cafetería y entró con las pupilas ligeramente dilatas y la absurda expresión optimista de un recién casado que aún no ha descubierto lo que implica el matrimonio. Buscó con la mirada a la mujer de hebras oscuras que, si no le fallaba la imaginación, quería creer que vendría sí o sí. La localizó alejada del resto de la civilización y se dispuso a acercarse con las manos hundidas en los bolsillos. Una camarera joven atajó unas mesas más allí con un café sobre una bandeja del color del logo de la cadena de cafeterías. Avispado, Callum se avanzó e interrumpió su trayecto. – Yo me encargo. – La encargada se mostró reacia, pero tras una generosa propina, se alejó como si nada. – Oh, joder. ¡Quema, quema, quema! – Se quejó siendo protagonista de varias muecas mientras se acercaba con prisa para acabar casi lanzando el café sobre la mesa. Zarandeó las manos con las palmas abiertas, tratando de olvidar la sensación de quemazón. Entonces, con las manos a media altura, la miró y sonrió.




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Re: On a live wire right up off the street, you and I should meet - Callum -

Mensaje por Biänca E. Mierzwiak el Lun Jul 02, 2012 4:03 am

Prefería mil veces el sonido del gotero y la respiración pausada de quienes se encontraban en coma a las risas de quienes en esos momentos la rodeaban. Quien fuera que hubiera escuchado ese pensamiento creería que tenía frente a si mismo a una persona demente. No era que estuviera loca, prefería el silencio al ruido y odiaba las situaciones sociales con una pasión extraordinaria. No llevaba ni cinco minutos en el café sin embargo ya estaba arrepintiéndose de haber asistido, cuando se veía atrapada en situaciones peores que aquella no veía en donde esconderse más que en el alcohol al cual le agradecía mucho pues convertía a la castaña en una mujer más agradable y extrovertida. Muchos al principio pensaban que lo único que tenía era timidez, pero después de varias salidas se daban cuenta de que, Biänca no era más que una huraña. Golpeó con la yema de sus dedos la superficie de la mesa.

En el local no había mucha gente y le molestaba que se tardaran tanto en llevarle el café. Se cruzó de piernas para acomodarse en el respaldo de la incómoda silla donde se encontraba sentada. Muy rígida y el ángulo estaba mal. Frunció el ceño disgustada. Nadie le daba gusto a la morena. Siempre iba a haber algo de su parte que criticar, cosa que al final terminaba cansando a los demás, pero tampoco era como si a ella le importara. Dejó sobre la mesa el libro que leería del cual llevaba muy poco, más que nada porqué con la profesión que tenía, a penas y sacaba tiempo para sobrevivir. La narrativa de Murakami siempre le había gustado y sus personajes siempre tenían algo con lo que uno podía identificarse. A pesar de que Fukaeri fuera un personaje secundario su forma de expresarse hacia los demás se parecía bastante a como la castaña lo hacía, cortante con sus respuestas y si no deseaba responder no lo hacía. Tengo tenía un pasado del cual no le gustaba hablar, al igual que a Biänca. Cogió aire por la nariz y lo soltó en un suspiro. Dejó que sus ojos pasearan por las letras impresas en las hojas y pronto se vio inmersa en una interesante lectura. Se olvidó de su alrededor como si se hubiera aislado de todo sonido y toda imagen que pudiera desconcentrarla. Leer le brindaba una emoción parecida a la que las cirugías le daban. No era la misma, podía compararse, pero entre si eran muy distintas. No había manera de explicarlo y era una suerte que no tuviera que hacerlo pues se quedaría sin palabras.

Al levantar la mirada se encontró con un rostro joven frente a ella, traía su café así que por una milésima de segundo creyó que trabajaba en el lugar. Estaba equivocada. No estaba uniformado y ese rostro lo conocía de algún otro lado, aún no estaba segura de donde pero esos ojos serían difíciles de olvidar. Una mueca se formó en su rostro ante la presencia de aquél chico ¿Qué hacía ahí? Lo observó directamente a los ojos extrañada, esperando alguna explicación de por qué era él quién traía su café y no la chica a quién se lo había pedido. Algo en ese chico no estaba bien pero no dijo nada y arqueó una ceja sin quitar la vista de él –¿Te sucede algo? –le preguntó antes de meter el separador de hojas al libro y cerrarlo. Estiró el cuello y con cuidado tomó entre sus manos la taza de café. Sí que estaba caliente. La llevó a sus labios esperando aún una respuesta del chico ¿Sería a caso él quién dejó la notita? Esperaba que no.

Lo notaba extraño, así que con su mano apuntó a la silla frente a ella – Puedes sentarte –le ofreció con indiferencia. La cagó ¿Desde cuando Biänca invitaba a un desconocido a sentarse con ella? Podía estar de buen humor o se había vuelto completamente loca –¿Eres tú el de la nota? –preguntó con sigilo –Es la única razón por la cual se me ocurre que estés aquí frente a mi. A menos claro –se encogió de hombros – que estés loco –guardó silencio y le echó otra mirada. Se llevó la taza a los labios para darle un pequeño sorbo a su café. Le dio ese subidón de energía que necesitaba –Lo cual me dice que la primera opción es la correcta –no lo decía con seguridad, al final de la frase se escuchaba esa entonación que se le daba a las preguntas. Siguió bebiendo su café y cuando se cansó del sabor lo dejó sobre la mesa. Guardó silencio y entrelazó sus dedos mientras lo observaba con detenimiento. Estaba muy serena, cosa que le servía cuando quería intimidar a los demás, con él no parecía funcionar demasiado. Igual y sí, igual y no.



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Re: On a live wire right up off the street, you and I should meet - Callum -

Mensaje por Callum D. Goebbels el Jue Jul 05, 2012 4:24 pm

Negó de inmediato a la pregunta de si le sucedía algo, encontrando aquella pregunta particularmente graciosa. Lo suficiente para ensanchar tanto la sonrisa que mostró una hilera de blancos dientes ordenados como los de cualquier anunciante de pasta de dientes. Sus manos seguían ventilándose con poco disimulo, tratando de bajar la temperatura de la piel tras el quemazón por agarrar el café sin tener en cuenta que el recipiente ardía tanto como el contenido. Las dejó quietas de golpe y se las miró de reojo, contemplando las yemas de los dedos algo arrugadas por su imprudencia, dolorosa imprudencia. Abrió la boca pero la cerró a las pocas décimas de segundo cuando ella le ofreció asiento. Dejó caer todo el peso de su cuerpo en la silla de enfrente, haciendo que las patas rechinaran un poco contra el suelo al desplazarse hacia atrás escasos centímetros. Juntó las rodillas y colocó ambas manos en el regazo. Mantenía la vista fija en ella, con aquella sonrisa casi intimidante en los labios, y la espalda recta como toda persona de alto standing. Lo habían educado para saber portarse como un señorito.

No sé de dónde nace la inseguridad de tu voz. En el pasillo del Norwood parecías una mujer capaz de poner la mano en el fuego para defender su opinión y... tal vez atizar a alguien para darle a entender que deje de invitarte a citas a las que no piensas acudir. – Comentó con una sonrisa traviesa por debajo de la nariz. Traviesa, que no por ello infantil. Cruzó una pierna por encima de la otra y echó los hombros hacia atrás para aguardar breves instantes, analizando con detenimiento la reacción no verbal de la mujer. Mentiría si dijera que no le había llamado la atención. No todos los días uno encuentra a una futura médico dando calabazas a otro sujeto de una manera tan ¿fría? ¿impersonal? ¿decidida? intrigante. Inspiró hondamente y dejó que el aliento expirara de entre sus labios en forma de suave carcajada discreta. Asintió no una sino tres veces, bajando un poco la mirada y planchándose una arruga de la camiseta que llevaba bajo la americana elegante de color oscuro. Se mordisqueó la punta de la lengua y procedió. – Tal vez se me cayó accidentalmente una nota en el bolsillo de tu uniforme. – Se encogió de hombros y torció un poco el gesto para demostrar que tenía cero malas intenciones. – Qué torpe, ¿no? – Rió, cómplice.

Se le nubló por un segundo la vista y disimuló una sacudida de cabeza mientras alzaba una de las manos para acomodarse el cabello, asegurándose de que ningún mechón hubiera quedado de punta por culpa de la brisa traicionera. Mantuvo todo el rato la sonrisa en su rostro, como si fuera una especie de mascarilla para protegerse de bacterias y microbios. La miró fijamente y, al ver que tardaba en responder, enarcó ambas cejas y borró la sonrisa escasos diez segundos. Lo que tardó en volver a hablar. – Perdona, qué descuido. ¿Cómo te llamas? – Preguntó tendiendo un poco una mano hacia ella, como hacían en las películas antiguas para ceder el turno de palabra. La miró con las cejas enarcadas y expresión concentrada, esperando alguna respuesta que le diera una pista acerca de cómo llamarla. Sabía que podría tomarse la libertad de inventarse un nombre, pero algo le decía que a la mujer de aspecto incrédulo no le haría mucha gracia. De golpe, e impulsado por la valentía o insensatez que le causaba la medicación, chasqueó los dedos. – ¡No! – Dijo más alto de lo que esperaba, causando que algunos se voltearan a verlos. Él acercó el puño al mentón y se lo acarició un poco. – Déjame adivinarlo.

Lo que prosiguió aquella sugerencia fue una retahíla sinsentido de nombres de mujer. Con suerte, alguno sería.




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Re: On a live wire right up off the street, you and I should meet - Callum -

Mensaje por Biänca E. Mierzwiak el Sáb Jul 14, 2012 3:04 pm

Alzo ambas cejas ante la sonrisa del muchacho. Observó el movimiento de sus manos, estaba segura que la incomodidad se le pasaría en algunos minutos. Biänca era, la mayoría del tiempo, una persona torpe, la morena había llegado a lastimarse hasta tres veces seguidas con el mismo objeto y había aprendido de la peor manera en que era mejor mantenerse alejada de las máquinas de café que ella misma tenía que manejar. Se mostró incomoda ante la atención que llamó el chico al momento de sentarse y le dedicó una mala cara, la cual rápidamente compuso. Se mantuvo erguida en su asiento y le dio un nuevo trago a su café al cual pronto le perdería el gusto.

Se quedó observando al muchacho por unos cuantos segundos mientras él hablaba y asintió levemente con la cabeza para así esbozar una amplia sonrisa –Entiendo, pero no está de mas ser una persona precavida ¿O tú que piensas? –la opinión del chico no era algo que le interesara del todo, aún así se la pidió. Hablaba de la manera más correcta y seria que conocía, casi siempre se comportaba de esa manera cuando era tiempo de conocer a nuevas personas. No era un cambio de comportamiento radical, seguía siendo la misma Bianca, no bajaba la guardia y seguía teniendo comentarios venenosos, sólo era más recatada. Más cuidadosa.

Se encogió de hombros, llevando la mirada hacia el libro que había estado leyendo hacía rato y sacó de él una notita doblada y arrugada para ponerla frente a él –Quizás –respondió fríamente y con indiferencia. Llevó su mirada a las manos del chico y luego a la taza de café, esperando a que él lo notara –Bastante torpe –le comentó con una casi insignificante sonrisa en los labios al recordar la escena del chico cuando trajo su taza de café –Pero no se puede hacer mucho con la torpeza –soltó en el mismo tono. Entonces empujó sólo un poco la taza de café hacia el centro, se había hartado ya del sabor y no llevaba siquiera la mitad. Eso no significaba que fuera una indecisa. Pero se aburría pronto.

Ladeó la cabeza y se quedó en silencio cuando él le preguntó su nombre. Estaba a punto de contestarle cuando el chico decidió que sería mejor adivinarlo, como si de un juego se tratara –Puedes hacerlo si esto te pone feliz –le respondió al verlo pensativo, probablemente intentando buscarle un nombre. Ella aún no conocía el de él. Se lo preguntaría después. Le sonrió divertida y negó con la cabeza cuando terminó de adivinar –No has atinado a ninguno –dijo divertida –Como estamos fuera del hospital puedes llamarme por mi nombre de pila. Soy Biänca –se presentó, esta vez siendo ella la que ofrecía su mano a él. Arqueó una ceja en espera de que él también se presentara.

Se acercó más al ojiverde y entrecerró los ojos al mismo tiempo que hablaba –¿Alguna vez te ha funcionado eso de adivinar nombre? –preguntó en voz baja para después volverse a su lugar y soltar un suspiro.

off: me disculpo por tardar tanto, no estaba con la inspiración ni con ganas de hacer nada y por el post tan mediocre.



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